Gossip Girl cumple 10 años:

Escrito por el septiembre 20, 2017

Hey, Upper East Siders! Así empezaba Gossip Girl, una de las series teen que probablemente más marcó nuestra adolescencia y juventud. Serena, Blair, Chuck, Nate, Dan… Nos metimos en las vidas de ese grupo de ricos de Manhattan a través de nuestros portátiles de los barrios de la periferia. Nuestras cuentas corrientes no tenían tantos ceros. No teníamos los vestidos Blair Waldorf. No éramos tan populares como Serena. Pero seguíamos ahí: enganchadas obsesivamente a uno de los primeros fenómenos seriéfilos de Internet. En los primeros años de Universidad solo se hablaba de Lost y de si tú eras más Nate o de Dan. Sí, los dramas adolescentes no eran nada nuevo.

Los sábados y los domingos de La 2 ya nos habían dejado muy claro que tu vida de Instituto era infinitamente lamentable al lado a la de los protagonistas de la mítica Popular o Las Gemelas de Sweet Valley. El año en el que se estrenó Gossip Girl aún llorábamos por la muerte de Marisa de The O.C. No había nada que hacer: no tenías taquillas, nunca serías la reina del baile porque nunca hubo baile y por supuesto no ibas con tacones a estudiar porque tu madre jamás lo hubiera aprobado.

Del mismo modo que las protagonistas de Gossip Girl no tenían nada que ver contigo, tampoco tenían nada que ver contigo sus problemas. Gente rica y problemas de gente rica. Por supuesto todas blancas y blanquitos. Pese a todo: esta ficción de la cadena de CW logró infiltrarse en nuestro imaginario colectivo, se coló en muchas capas y edades. Fue, en cierto modo, un fenómeno social para los jóvenes nacidos a principios de los 90 o finales de los 80. Un fenómeno social que ahora cumple 10 años. ¡10 años!

Sigamos.

No importaba tanto el barrio desde el que la vieras. Nuestra generación aún ansiosa de ficciones marcianas, que no hablaran de ti, sino de esas vidas “soñadas”. Daba gustillo estar durante 40 minutos en Manhattan rodeada de gente guapa. A principios de los 2000 la opulencia no daba tan rabia. También, todo hay que decirlo, Gossip Girl fue de las primeras series en integrar la tecnología y los teléfonos móviles, articulando esas herramientas como parte esencial del relato.

¿Nos enseñó algo bueno Gossip Girl? Mmmm. Seguramente no. La serie, vista ahora y en clave de género, por supuesto era un auténtico desastre. Fomentaba todos los estereotipos posibles (chicas delgadísimas y siempre maquilladas). Si la perfecta y rubia Serena llega a enterarse de que, solo unos años después, Lena Dunham mostraría chicha y celulitis en pantalla ( Girls) hubiera sentido auténtico pavor . Gossip Girl era una serie limpita, pulcra, rosa, en definitiva una serie genial para mantener el statu quo.

No comparable con Girls que, siguiendo un poco la estela de dramas de chicas blancas, logró desafiar los convencionalismos de género. Claro que Girls llegó en 2012 y ahí ya todas estábamos apuntadas al feminismo. Es interesante observar esa evolución: comprobar como una serie que no chirriaba nada entonces, ahora sí lo haría. Gossip Girl también exploraba en modelos de hombres heteronormativas cero originales (el guapo malote, el “pobre” sexy, el pijo cretino). Y, por supuesto, y más grave, alimentaba el odio entre nosotras, la rivalidad, la envidia, el slut-shaming todo el rato . Los guionistas de Gossip Girl no sabían nada de la palabra sororidad. Nosotras tampoco.

Lena Dunham en Girls

De hecho, el leitmotiv de la serie era descubrir quién era el topo que se encargaba de desvelar todos los cotilleos del instituto. Sí, la chica que se despedía de cada capítulo diciendo XOXO. O sea: que el asunto principal era desvelar los secretos de compañeras, en la mayor parte de las ocasiones con el fin de liarla y causarle problemas. ¿Os acordáis de los Informers de las Universidades, no? ¿O los Fotologs anónimos que se encargaban de difundir rumores falsos? La influencia de Gossip Girl seguramente también estaba ahí. En el instituto llegamos a crear grupo de Blackberry llamado Gossip Girl y la cosa acabó mal.

Pero tampoco hay que martirizarse, amigas. Los dramas juveniles siempre han estado ahí. Nos hacían felices. Nos ponían contentas y tristes. La adolescencia es una etapa de la exageración. Del drama. De la sobreactuación. De ahí que todas estas tragicomedias perforen con tanta fuerza en nuestros corazones fragiluchos. Asistir a esos dramas ajenos nos hacía sentir importantes y, sobre todo, nos hacía sentir menos solas.

Ahora, desde el 2017, ya podemos mirar atrás, abanicarnos como señoras y recordar aquella época. ¿Por qué mierda aún conservo una lima de uñas de color rosa en la que pone Chicas Malas ?

 


Fuente original: PlayGround


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