Claro que acosaron a Sharon Stone (y lo hicieron delante de nuestros ojos)

Escrito por el enero 27, 2018

La carcajada de Sharon Stone cuando le preguntan si ha sido acosada evidencia cómo el acoso era moneda de cambio hasta ahora y cómo todo el mundo lo asumía como parte de «lo normal».

Sharon Stone

La historia reciente de Hollywood se está reescribiendo delante de nuestros ojos. Durante los últimos meses, tratamos a diario de procesar información sobre nuevos casos de acoso sexual e incluso en conflictos como el de Aziz Ansari intentamos separar el grano de la paja (literalmente). Nos replanteamos el descarrilamiento de las carreras de algunas actrices (Mira Sorvino, Annabella Sciorra, Ashley Judd), reconvertimos advertencias pasadas de telecomedias como 30 Rock o Padre de familia en memes virales y somos incapaces de ver las traviesas miradas a cámara de Kevin Spacey de la misma forma. Cuando este lunes Sharon Stone respondió a la pregunta “¿Se ha sentido alguna vez incómoda en una situación de acoso sexual?” con una carcajada hiperbólica, melodramática y tan carismática como devastadora, el público mostró dos reacciones: reenamorarse de Stone y reconsiderar toda su trayectoria.

Pero por supuesto que Sharon Stone ha sufrido acoso sexual. Cómo no se va a reír, por no llorar, ante el hecho de que un periodista le haga esa pregunta que debería ser retórica, teniendo en cuenta que la actriz empezó en Hollywood hace 40 años (en Recuerdos, de Woody Allen, donde aparecía acreditada como “chica guapa del tren”) y se convirtió en la estrella más sexualizada desde Marilyn Monroe. Una mujer que ha trabajado con prácticamente todos los actores acusados de abuso sexual (lo cual, por otra parte, es una cuestión de probabilidad): Woody Allen, Tom Sizemore en Confesión criminal, James Woods en El especialista, Dustin Hoffman enEsfera, Harvey Weinstein en Un mundo a su medida o Steven Seagal en Por encima de la ley, la única película de su filmografía que a día de hoy sigue negándose a comentar (y tiene muchas de las que renegar) limitándose a asegurar que opinar sobre Seagal “no merece la pena ni la tinta que requeriría imprimir la frase”.

Si Hollywood considera a sus estrellas productos de consumo, Sharon Stone era en los 90 un juguete sexual al por mayor. Las crónicas de la época ya contaban las tensiones entre la actriz y sus directores, sus productores y sus compañeros de reparto envueltas en la narrativa de que Stone era “una mujer difícil” a la hora de trabajar con ella. Pero todas aquellas broncas tenían un carácter de género: imposiciones de desnudo, explotación de su sexualidad y sueldos inferiores a los de sus compañeros a pesar de ser la más famosa del reparto. A diferencia de otros escándalos, el trato vejatorio que sufrió Stone no era ningún secreto: estábamos mirando, pero no estábamos viendo.

“Nada más llegar a Hollywood”, contaba Stone en 1989, en pleno rodaje de Desafío total, a la revista Movieline, “un poderoso productor (no te diré su nombre, pero sus iniciales son S. B.) me citó en su despacho, me dijo que me convertiría en una gran estrella y se bajó la bragueta. No me he reído tanto en mi vida; una reacción que él no esperaba. El casting de sofá [término coloquial con el que Hollywood lleva describiendo los favores sexuales a cambio de papeles desde los años 20] existe, pero no te lleva a ningún sitio. Nadie va a arriesgar un presupuesto de millones de dólares por el hecho de que seas buena en la cama”. Sea o no cierta esta teoría de Stone, 1989 fue también el año en el que Harvey Weinstein desembarcó en Hollywood como un elefante en una cacharrería (o como un depredador en la sabana) con Mi pie izquierdo, la película que le daría a Daniel Day-Lewis el primero de sus tres premios Oscar.

Durante la promoción de Instinto básico, la cinta que convirtió a Sharon Stone en la mujer más famosa, observada y deseada del mundo, el directorPaul Verhoeven insistía en que fichó a la actriz porque ella era Catherine Trammell. Para rodar la escena del interrogatorio en el que Trammell somete a todos los miembros de la división de homicidios de San Francisco desvelando que no lleva ropa interior, Verhoeven le pidió a la intérprete que se quitase las bragas “porque reflejaban la luz”. Aunque le prometió que no se vería nada y el monitor (en 1992, la definición de las pantallas era difusa) así lo mostraba, el primer pase en pantalla grande dejó claro que, efectivamente, la cámara había captado la entrepierna desnuda de Stone para la posteridad. La actriz, horrorizada, intentó y suplicó por todos los medios que ese plano no llegase a las salas de cine. Pero ella, a diferencia de lo que Verhoeven y el público creían, no era Catherine Trammell. Ella no estaba en control de la situación.

En Sliver (Acosada), se negó a aparecer desnuda al enterarse de que su compañero, William Baldwin, no tenía que hacerlo gracias a una cláusula de su contrato. Pero el productor, Robert Evans, le recordó a Stone que su contrato no incluía tal cláusula con una frase (“Ningún actor ha llegado a ser una estrella desnudándose y ninguna actriz ha llegado a ser una estrella sin hacerlo”) que hoy forma parte de la mitología babilónica de Hollywood.

Evans, el legendario productor de Chinatown, El padrino y Cómo perder un chico en 10 días, estaba tan excitado con el proyecto que tras leer el guion de Joe Eszterhas (autor también de Instinto básico) envió a su casa una chica en ropa interior con una nota de agradecimiento metida en las bragas. Evans quería conseguir a Sharon Stone a toda costa y, ante su negativa, le hizo creer que Demi Moore y Geena Davis estaban interesadas, porque, según él, “en la cabeza de una mujer solo hay competitividad con las demás mujeres”.

Antes de empezar a rodar, William Baldwin respondió a una de las reflexiones más emblemáticas de Stone, “en Hollywood, la combinación de una vagina y una opinión es letal”, asegurando que “ya hemos visto demasiado de ambas cosas por parte de Sharon”, según relata el libroHollywood’s Second Sex: The Treatment Of Women In The Film Industry. Tras rodar su primera escena erótica, Baldwin le comentó a los operarios del rodaje que la intérprete tenía “los labios muy finos, el aliento no está mal” . Cuando les tocó repetirla, Stone le mordió la lengua a Baldwin tan fuerte que tuvieron que paralizar el rodaje un par de días ante la incapacidad del actor de vocalizar.

En 1994, el programa de humor Saturday Night Live emitió un sketch en el que Robert Evans (interpretado por Michael McKean) intentaba acostarse con una aspirante a actriz interpretada por Sarah Jessica Parker. El sketch se llamaba “Casting de sofá”.  Estábamos oyendo, pero no estábamos escuchando.

En 2006, Sylvester Stallone participó en una sesión de preguntas y respuestas. “Tres palabras: Sharon Stone, ducha. ¿Cuántas veces boicoteaste el rodaje de esa escena a propósito para repetir la toma?”, le preguntó “Andrew, de Washington D.C.” en referencia a la escena sexual deEl especialista, famosa por ser una de las menos sexys de la historia del cine. “Mira, que quede claro que yo no quería hacer esa escena, porque Sharon no cooperaba”, respondió Stallone. “Llegamos al set y ella decide que no quiere quitarse la bata. El director le pidió a la mayoría de operarios que saliesen de la habitación, pero ella seguía negándose a desnudarse. Le prometí que no me propasaría, ¿cuál era el problema entonces? ‘Que estoy harta de desnudarme’, dijo ella. Yo le pedí que se hartase de desnudarse en la película de otro. Ella no entraba en razón, así que fui a mi tráiler y cogí una botella de vodka Black Death que me había dado Michael Douglas. Tras media docena de chupitos estábamos remojándonos en plan salvaje”.

Pero el retrato más perverso de Sharon Stone lo construyó el guionista que la convirtió en un mito, Joe Eszterhas, en su libro American Rhapsody.Según él, Paul Verhoeven se negó a darle a Stone el papel de Crystal Connors en Showgirls (que interpretaría Gina Gershon) porque “no era buena actriz”, pero en realidad estaba resentido porque Stone había rechazado acostarse con él. “El conocimiento de poder que tenía Sharon era elemental y primario”, escribía Eszterhas, “aprendido en sesiones de fotos como modelo, en castings de sofá y en los cuartos oscuros de discotecas de Milán y Buenos Aires. Uno de sus agentes me contó que en la agencia tenían un dicho: ‘Deja a Sharon sola en una habitación con el director y cerrará el trato”.

Joe Eszterhas también contó que, extasiados por el éxito de Instinto básico, Sharon y él se acostaron en lo que él definió como “hay una frase en Instinto básico sobre el polvo del siglo, pues no, Sharon no es el polvo del siglo”. La actriz, por su parte, negó las historias relatadas por Eszterhas en su libro mostrándose sorprendida de que se le diera tan bien “escribir comedias”. “Nadie puede llegar a lo más alto acostándose con gente poderosa. Como mucho llegas a la mitad. El resto tienes que recorrerlo abriéndote camino con las garras”, explicó la actriz en una ocasión. A medio camino entre la broma y la advertencia, Sharon Stone intentaba exponer un sistema injusto que en los 90 nadie parecía pararse a cuestionar.

En 1992, Stone explicó su punto de vista sobre el feminismo en la revista Playboy: “Los hombres se agarran las pelotas, te restriegan su sexualidad, te gritan desde el coche, son condescendientes. A las mujeres se nos enseña a ceder, con comportamientos que van minando tu autoestima, tu integridad y tu feminidad. No pienso volver a esforzarme para gustarle a los demás o para evitar confrontación. Nos han enseñado a ser coquetas y a manipular con nuestra feminidad, en vez de decir ‘soy buena en fontanería’, ‘soy lista’, ‘soy una buena profesora’, ‘soy una buena ama de casa’ o ‘soy una gran atleta’, y nos tratan como a una minoría. La mayoría de las películas están escritas para que los personajes femeninos sean como los hombres experimentan a las mujeres o como les gustaría experimentarlas. Pero no como las mujeres son realmente. ¿Cuántas veces vas al cine y ves un personaje femenino que se parezca a alguna mujer que conoces en el mundo real?”.

Esta reflexión publicada hace 25 años debería haber convertido a Sharon Stone en un icono por la igualdad. Pero ya sabemos cómo terminó aquella historia. Y ahora, con esa carcajada viral, Stone ha atraído más atención y levantado más conciencias que con cualquier discurso. Quizá ahora no solo miremos sino que veamos. No solo oímos sino que escuchamos. Y Sharon, como Uma, Demi o Geena, tienen muchas cosas que contar.


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